200 años ¿orgullosamente mexicanos?…


Ya están casi listos los preparativos. Comida, confeti, bebidas, música, bandas, escoltas,  todo para el gran evento. Se planea estar lista desde hace un año, la gente murmura, se emociona, comenta. El norte y el sur están listos para recibir al mundo en fiestas, México entero se muerde las uñas de emoción. Los héroes de la historia se recordarán y se hará un homenaje a la independencia que logramos, ¿cuál? ¿quiénes? no se sabe aún, pero se celebra. Bien se sabe que México es un país de fiestas, cualquier fecha es importante para gritar y saborear, para agarrar a la chata y bailar con ella, comer tortillas, mole, enchiladas, tacos, carnitas, y cantar al ritmo de la banda sonora. Esta ocasión no será la excepción.

Así es, se sacará la pachanga por la ventana. Y mientras esto suceda, a un niño de 6 años le crecerá la barriga por tener lombrices, una mujer estará a punto de perder a su hijo recién nacido por desnutrición, una familia se peleará cada día por un plato de frijoles, una niña será asesinada y violada en el norte y una anciana caminará 3 kilómetros para conseguir una cubeta de agua potable.

Pero eso sí, que buena fiesta se va a armar…

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Hoy todo empieza…

Inés Pozo de Villa

Hoy una gota se desprende del río,

una lágrima olvida a su eterno misterio,

una hoja se despide de su otoño

y una porción de cielo le dice adiós a la aurora.

Hoy una hormiga decide volar,

un murciélago se encamina a nadar,

una brisa de aire se anida en el desierto

y una semilla se prepara a cantar.

Hoy el sudor desconoce a la piel,

la lengua se divorcia de la campanilla,

las muñecas ya no quieren ser niñas

y las lombrices se han vuelto alérgicas a la tierra.

Hoy el barranco ya no quiere tener huecos,

la angosta vereda corre a ser una avenida,

los cienpies se disponen a tener manos

y las uñas le declaran la guerra a los cigarros.

Hoy el poste de luz decide no ser eléctrico,

el gallo canta a la luz de la luna,

los párpados vuelan hacia los pies

y hoy tu recuerdo ya no es parte de mi espera.

De luto y silencio…

“Asesinan a 19 en centro contra adicciones en Chihuahua, México”

Fe y vida. Dos palabras sonrientes en el ser humano. Palabras que hacen mención a la esperanza, a la innovación, a la bondad, a la felicidad, a la certeza, a los milagros. Cuánto pueden cambiar dos palabras en una misma noche, cuánta sangre y desgarramiento pueden causar dos palabras en unos minutos. “Fe y vida”, en donde acribillaron a 19 personas inocentes, llenas de sueños y promesas, de ilusiones que ahora son sólo papeles rotos.

Pero cuánta sangre más tiene que pasar por las calles, cuántas entrañas desechas se necesitan para frenar este odio al mundo, a la vida, al ser humano. Cuántas vidas, cuántos sueños, cuántas miradas vacías y corazones muertos…

En qué momento se rompió el mundo, a qué hora el alma se llenó de pedazos negros y cobardes, cómo terminamos odiando a nuestros vecinos… en qué momento se jodió tanto el corazón del hombre…

Acribillados, mujeres violadas, ancianos perdidos, niños mandados a la guerra… asesinato tras asesinato…

Cómo recuperar la alegría, la esperanza, la fe y la vida… cómo traer de vuelta lo verdaderamente humano… ¿o quizás nunca existió?

Recuerdo tanto que de niña jugaba con mi hermana a guerritas de nieve, esa nube blanca que cada navidad caía en Chihuahua… y ahora, ahora juegan a matarse sobre la nieve roja, ahora juegan a ser libres entre rejas invisibles… dónde quedaron esos minutos de infancia, esas horas de inocencia, esos ratos amigables y claros…

Se me llena la garganta de hormigas y los ojos se convierten en gotas de mar, cuando veo al mundo desalmado, cuando veo morir a esas tierras que me criaron y me bendijeron… ahora sobre la nieve ya no veo los ojos de mi hermana, ya no logro ver aquellas miradas infantes que podían ver hacia fuera, hacia la calle sin ningún peligro… ahora sólo veo piernas acuchilladas, cráneos partidos, brazos rotos, senos mordidos, casas vacías…

No se cansaron con los cuerpos, ahora nos han asesinado la esperanza, la fe y la vida…

Lo poco que queda

Vacío inerte y latente,

corazones encrucijados,

ojos desnudos,

labios ausentes,

promesas quedadas.

Calles sin aire,

aire sin rumbo,

fuego olvidado,

luna perdida.

Pies cortantes,

lagos moribundos,

lluvia deprimida,

caras suicidas.

Terrón sin azúcar,

venas sin sangre,

lenguas cortantes,

flores anónimas.

Entierro del habla,

reflejo de manos,

tus manos, nuestras.

Paraíso quebrado,

universo desprotegido.

En busca de un corazón perdido…

Cuánto puede durar un entierro… cuánto puede perdurar la angustia, la tristeza, la melancolía, los llantos de verano, las depresiones de invierno… cuánto tiempo duran las lágrimas y con cuántas de ellas es posible desechar el corazón herido. He buscado en las tiendas, en los talleres, en las papelerías, en las boticas, he preguntado en la radio, en la televisión, en el mercado, en el periódico… pero nadie sabe dónde encontrar un corazón nuevo, un hígado y un riñón recién lavados con la felicidad y el olvido… nadie me ha sabido decir, algunos jóvenes mencionan que pronto saldrá a la venta en farmacias del ahorro, las ancianas bajando la mirada me dicen que esos modelos ya se extinguieron desde hace tiempo… y mientras, espero, sentada frente a la farmacia a que anuncien el producto nuevo.

Años perdidos y encontrados…

Hace unos días vi una película argentina. Al terminar de verla, me quedé con un sentimiento peculiar, que antes había experimentado, pero que nunca lo había reflexionado… Pasaron 25 años para que él le dijera que la amaba y para que ella le dijera que sentía exactamente lo mismo. 25 años… son bastantes horas, bastantes segundos, bastantes latidos sin latir… Es sorprendente cuánto puede hacerte pensar y sentir una película, imágenes y palabras que logran la conexión de tu cerebro con el corazón.

Pasó tanto tiempo para que él volviera y le dijera a Irene que la amaba. Me puse a pensar en las cosas, en el inevitable hubiera… y qué hubiera pasado si él se lo hubiera dicho en aquel momento antes de partir en el tren, y qué hubiera pasado si ella lo hubiera besado sin remordimiento y lo hubiera tenido con ella por esos 25 años… y qué hubiera pasado si… tantas cosas hubieran pasado, pero no pasaron. Los años son engañosos y la vida aún más.

Por eso decidí hacerlo. Lo llamé. No quise esperar 25 años a decirle cuánto lo quiero, cuánto deseo que esté conmigo, no quise esperar 25 años a seguir escribiendo el hubiera… que como bien diría mi padre, éste ya no existe.

Escuché su voz, esa voz por la que tanto soñé, la que me levantó varias veces cuando estaba decaída. Su timbre era tan distinto pero igual.. era el mismo de siempre, con esa dulzura que invariablemente lo caracterizó, pero al mismo tiempo era otra persona. No sé bien quién era, estoy segura de que era el mismo de las fotos que guardo con cariño en mi caja de escritorio, pero había algo que lo hacía distinto… y me di cuenta al terminar la llamada, que aquello que lo hacía tan diferente era mi diferencia reflejada, pues al momento de escuchar su voz logré perdonarlo y amarlo aún más, y al mismo tiempo, logré perdonar tanta cobardía de mi parte…

Insisto, si Irene lo hubiera besado… gracias a Dios de que existen las películas y el teléfono.

Distancia



Qué le pasó al sol

que se olvidó de la luna,

qué le pasó al amanecer

que se divorció del mar,

qué fue lo que pasó con tus ojos

que dejaron de cuidar los míos.

Cuál fue el momento

en que las manos del cielo

dejaron de mecer la estrella,

cómo se explica tanta distancia

entre los labios de la neblina

y el frescor de la mañana.

No hay tal explicación.

Simplemente,

el tiempo le ganó a la razón,

el miedo acabó con el amor,

la cobardía asesinó a la esperanza

y tu silencio terminó siendo mi olvido.

Qué le pasó al sol

que se olvidó de la luna,

qué le pasó al amanecer

que se divorció del mar,

qué fue lo que pasó con tus ojos

que dejaron de cuidar los míos.

Cuál fue el momento

en que las manos del cielo

dejaron de mecer la estrella,

cómo se explica tanta distancia

entre los labios de la neblina

y el frescor de la mañana.

Mañana será demasiado tarde

Hoy me despertó el alba de tu recuerdo

y te juro que hoy no pude esconderlo.

Cada día me ata y me obliga a verlo,

como el primer día en que dejé tu aliento.

Mis ojos están cansados de verte

a través de las paredes de tu fantasma,

que dormita junto a mí sin detenerse

se posa en mi almohada y sólo duerme.

Un murmullo de hojas me dice vuelve

y un suspiro de aire simplemente me detiene,

las caras de la gente se convierten en nada,

mientras tus ojos se cuelan en mi alborada.

Hoy dices que mañana me buscarás,

hoy dices mañana quédate conmigo

y yo no sé qué pensar,

si mañana me refugio en tu abrigo

o el mañana realmente nunca nos llegará.

Desembarco y me dejo llevar por tu vela,

recorro las huellas de versos antiguos,

buscando tu paso en horarios perdidos,

con riesgo en quedarme por siempre en tu olvido.

Recuerda, mañana nunca es para siempre,

y el para siempre por siempre se acaba,

no le dejes todo al encierro del tiempo

o tu jaula acabará con nuestras mañanas.

Hoy dices que mañana me buscarás

hoy dices mañana quédate conmigo

y yo no sé qué pensar,

si mañana me refugio en tu abrigo

o el mañana realmente nunca nos llegará.

Ojalá que cuando vengas a buscarme,

mañana no sea demasiado tarde.