Muerte inesperada



Muero entre pétalos de fuego,

Entre escombros vacíos,

Lunares perdidos, cielo sin brío.

Muero al amanecer,

Muero en la tarde, en la noche,

En el día que no ha existido.

Decaigo en el frío piso

Que atormenta mis piernas,

Que hace entumecer mi saliva

Y congelar mi tristeza.

La daga de la noche toca a mi puerta,

Me ata, me calla, me lastima,

Me muerde cada poro de mi espacio

Y me viola con la espina de su olvido.

Desnuda entre las piedras camino,

Pisando a cada paso tu fragancia

Y colando entre mis piernas tu respiro.

La vieja noche regresa a matarme,

Se instala entre las cadenas de mis dedos,

Destroza el umbral de mi equilibrio

Y pide a gritos la renovación de tu recuerdo.

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