Pérdida de Fe

Según nuestra cifra del INEGI, somos aproximadamente 104 millones de habitantes en México. De los cuales 10 millones sufren de amnesia y por lo tanto de violencia cotidiana, 15 de demencia por haber perdido a un ser querido, 20 tiene el síndrome de abstinencia a la justicia, 58 mantienen sus cruces y oraciones al pie de la cama para poner fin a tanta guerra… sólo un habitante tiene todas las enfermedades juntas, y además, ha perdido la Fe… Que Dios bendiga a Dios…

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Entre amores y recuerdos

Entre caras vacías y manos ausentes, entre aire sin rumbo,

apareces con miedo…

miedo de tocar, de hablar, de sentir. Nuestras palabras son fantasmas a la espera de ser rescatadas.

Nuestra luna yace fríamente en su tumba, y nuestros cantares agonizan una melodía no recordada…

Y mientras nuestras gotas de ámbar se desnudan ante la indiferencia,

el miedo de tus ojos se cuela entre mis pestañas , y el amor cansado, decide

convertirse en pólvora de cáscaras.



Espejo negro


Hoy desperté angustiada, el espejo de tu sombra ha vuelto. Le he dicho que se vuelva y se marche lejos, que si quiere le consigo un nuevo hogar donde hospedarse,  donde comer, tomar, dormir. Le exigí que se fuera, pero no entendió razón. Con su larga sonrisa negra se burló de mí, intentó con vehemencia y arrebato seducirme, mutiló mis piernas, mis brazos, mi vientre, me despedazó en las sábanas de tu recuerdo y acabó tirándome en la pileta de tu ausencia. Me ha quitado la sustancia de mi equilibrio, congeló el ámbar de mis sentidos y asesinó la fragancia de mi suspiro.

He intentado escapar, pero tu espejo negro se atraviesa y me acuchilla las uñas de los pies, logrando que el piso se desangre y que mi tormenta continúe con cada letra de tu nombre. Me ha quitado el color de mis ojos, el sabor de mi lengua, el olor de mi piel… tu sombra se ha robado la mía y la ha destrozado con cada gota de mi sangre que es una gota de tu olvido.

Ahora  sólo reposo, exhausta de tu presencia, de tu aroma, de tu maldita sombra que me persigue a cada respiro que doy… mis dedos están fríos y mi pecho está adormecido… cuento uno… dos… tres… sólo para no quedarme dormida y volver a despertar con el cadáver de tu presencia.