Hasta cuándo, muerte dulce, hasta cuándo…

Hasta cuándo, amor mío,

Hasta cuándo podré verte

Sin temerle al regreso de la muerte,

La muerte dulce, lenta y justa,

Que duerme entre sábanas de abatidos

Y subyace entre las huellas de los vencidos…

Hasta cuándo,

Hasta cuándo borraré los recuerdos

Suicidas que me provocan tu ausencia…

Y junto con ellos, la muerte dulce

los convierte en un mar de deseos

y refugios olvidados y esparcidos…

Si soy culpable, es por ti…

Si desnudo mis venas, es debido a ti…

Y si cuelgo mi sangre, amor mío,

será sólo para ti…

Hasta cuándo, hasta cuándo

podré dormir sin anhelar tu presencia

y sin hacer el amor cada noche

al pie de la sombra junto a ella…

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Yo podría ser…

Yo podría ser la fe para los olvidados,

La alegría para los ojos tristes,

Las manos para los indefensos,

La risa para los sordos y la palabra para los mudos.

Yo podría ser la luz para la noche,

El fuego para el corazón congelado,

Los gritos para un muro quebrado.

Si la noche me pidiera un deseo

Y el sol al día siguiente me lo concediera,

Pediría todo esto, pediría ser la flor blanca

Para las aguas desahuciadas,

Los peces sanos, los árboles completos,

La tierra sonriente.

Los pies libres del campesino,

Los cuerpos sin huellas, los pechos sin sangre,

Los brazos sin garras, los ojos sin miedo.

Podría ser el diamante que aguarda ser descubierto

Para dormir en los pies del mártir, en las manos del anciano,

En los cabellos de la niña abandonada;

Podría ser aquel diamante que  abra la puerta

A los oídos sordos, a los labios cerrados, a los espíritus olvidados.

 Yo podría ser guarida, templo, hogar, guardia.

Podría ser un millar de colores alegres

Y dibujar entre caras grises una paleta de arcoíris.

Para todos los seres, yo podría ser…