Complicidad

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En el momento en que me ves,

En el momento en que me dejas verte;

Ese aire de suspenso que tienen tus ojos

Ante mis palabras desnudas.

Suspiros, caricias de agua, manos de tinta…

Sabes cada paso de mi mente,

Conozco cada letra de tu hastío.

Privilegiados los vínculos que nos unen;

Ésos, de olor a secreto y caricias húmedas

Que van pregonando por la madrugada

Una canción no admitida, no recordada.

Momentos nuestros, tan nuestros,

Que la tierra mojada se encela

De nuestra propia lluvia, de nuestro propio encuentro.

Y si en algún momento, en tus sueños de caracolas,

Se embarcara la pregunta de qué soy para vos,

Deja la angustia, querida niña, sólo soy una cómplice

De tus sueños, de tu voz de sirena, de tus manos de arena…

Y si acaso quisieras saber más,

Embarca tu caballo de mar

Y navega con mi presencia sobre las olas de sal;

Mezcla tu aroma y mi silencio,

Tu paz y mi andar, tus pies y mi hoguera.

Cuela mi complicidad con la tuya,

Entrégate a mi verbo, sé parte de mi aliento.

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Madrugadas de ti

 

Robert Mapplethorpe; Holly Solomon

 

En ese momento de la madrugada cuando despierto con tus letras;

cuando tu aliento traspasa las hojas virtuales de cualquier correo,

de cualquier mensaje… de cualquier pensamiento.

Ahí te encuentro, entre sábanas de madrugada y restos de incienso;

así saben mis mañanas, al recuerdo del aroma

que desprenden tus ojos cada vez que traspasan los míos.

Y ahora, ¿qué hacemos?

El Corazón de la Educación

En el país del todo puede pasar… Había pasado… ¿Qué? Un examen de evaluación para alumnos, profesores e instituciones.

¿Y qué pasó?

En esta escuela, ubicada en una comunidad en donde nadie ni los gobernantes, ni los empresarios y ni la misma iglesia tiene la decencia ni la gana de voltear a ver a la gente y los problemas que atraviesa, entonces ocurrió: se demostró que a pesar de los esfuerzos por pagarle a un profesor que fuera al menos de vez en cuando a la escuela, los alumnos reprobaron la prueba ENLACE; se demostró que los alumnos no sabían leer ni mucho menos tenían idea de lo que era una fracción matemática.

El director de zona estaba sumamente preocupado, le podían bajar el sueldo y, peor aún, lo vendrían a supervisar. Qué cuentas entregaría si él ni siquiera vivía en la comunidad: tenía su casa en la capital, de…

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Humedecer el corazón

Rubén Martín

Llueve de nuevo… y de nuevo vienes con la lluvia.

En cada gota resuena tu nombre, en cada chasquido aparece tu rostro;

¡es delicioso sentirte  en la humedad de la noche!

El agua canta dulcemente un vals para nosotros…

– ¿Bailamos?

Un susurro, una caricia, un te quiero…

La noche entera suspira y yo me quedo mojada de ti.