Amar en tiempos adversos

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Manuel Álvarez Bravo

“Y dijo a David: Eres más justo que yo, porque tú me has tratado bien mientras que yo te he tratado con maldad” (1 Samuel 24:17). Amar es una forma de estar con la vida y con uno mismo: amar a nuestros amigos, a nuestros padres, hermanos, pareja e hijos, a nuestras mascotas, y a todos aquellos que nos hacen sentir llenos de plenitud y bienestar.

El amor, como dice aquella canción católica, es maravilloso. Si nos centramos en esas cosquillitas que sentimos cada ves que vemos a la persona amada, o que hacemos algo que realmente nos gusta, cuando esa felicidad no nos cabe en el cuerpo y sale en forma de lágrimas agradeciendo a la vida por ser vida. Sí, es realmente grandioso, y sobretodo, es básico en nuestra vida tener amor.

Y es fácil sentirlo, con nuestra gente, en un espacio amable y libre de obstáculos; ¿pero qué pasa cuando el amor nos invita a estar con gente que no concuerda con nuestras ideas y acciones, en un ambiente hostil y lleno de angustia? En muchas ocasiones, suele desvanecerse. Y me parece que aquí radica el más grande proyecto de amor: amar en tiempos adversos.

Nuestro país está lleno de estos tiempos: guerras, injusticias, asesinatos, cobardía, ausentismo, ignorancia, venganza, y por lo tanto, frustración. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo amar cuando estos elementos están presentes? Me parece que es un error de perspectiva; enfatizamos nuestro sentir hacia las personas, los objetos, las circunstancias, las cosas que son cambiantes. Así nos han enseñado, así hemos sido educados por mucho tiempo, incluso solemos pensar que Dios ama sólo a la gente honrada, responsable, que no tiene deudas y que siempre amanece con una sonrisa en los labios para todo aquel que se cruce por su camino. Tal como una figura de Disney andante. Pues no, sin sonar a cantaleta, el sol sale para todos, Dios ama también a los rateros, asesinos, a los que trafican droga, a los violadores. En fin, que “si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale de beber agua” (Proverbios 25:21).

¿En dónde poner la mirada y el corazón? En el amor mismo. En aquello por lo que crees, por lo que te mueves y despiertas cada día. ¿Qué sentido tiene tu vida, hacia dónde quieres encaminar tus pasos? ¿Hacia una mejor dignidad humana? ¿Por una igualdad de género? ¿Por mejores oportunidades económicas para todos? ¿Para una comunicación más efectiva? Siempre hay algo que nos mueve, siempre. Si no tuviéramos una mínima inspiración y anhelo en nuestra vida, simplemente no nos levantaríamos. Bien, pues el primer paso es buscar aquello que te mueve, el motor que hace que andes, que sigas respirando, que sigas buscando mejores opciones de vida. Piensa un momento cuál es tu necesidad, cómo te gustaría ver a los demás; y no hablo de necesidades creadas, aquellas que tienen que ver con obtener mayores bienes y riquezas materiales, mayor fama o mejor cuerpo. Estas necesidades sólo te alejan del proyecto de amor. Así que regálate un tiempo y date cuenta cuál es ese motor que gira tu vida y que la permite andar.

Este es un paso muy importante, porque entonces nuestro enfoque cambiará, y nuestro amor estará enfatizado en aquella intención que nos fundamenta. No en las personas, ni en las cosas, ni en las circunstancias.

Es difícil amar a alguien que le ha quitado la vida a un ser querido, o al que te ha violado, estafado o mentido. En realidad, no te cae mal la persona en sí, te cae mal lo que realiza y los actos que hace; por lo tanto, para contrarrestar aquello que los demás hacen que no concuerda con un proyecto de amor, en ese momento entra tu intención y motor de vida. En ese momento, entra tu amor. No importando para quién sea, en dónde o en qué circunstancia. Simplemente, el amor se encuentra con lo desconocido para transformarlo en una opción de mayor plenitud, desarrollo y bondad.

Amar en tiempos adversos, implica entonces, cuidar la intención que mueve tu vida, alimentarla y crecerla; ésta se enfatizará cada ves que ames más en momentos de crisis, de desolación, a personas que realicen actos torpes y desafortunados, e incluso, amar tus propios actos de los cuales no te enorgulleces.

Amemos entonces a lo desconocido, a lo ingrato, a las injusticias, a los desastres naturales, a los asesinos, a los actos soberbios; amemos para realizar un cambio, para colocar nuestra semilla de vida en aquellos terrenos que han sido golpeados por el odio y la desolación.

“No devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuimos llamados con el propósito de heredar bendición” (1 Pedro 3:9).

 

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Aunque me veas dudar

el-ensueno1931-alvarezbravoÁlvarez Bravo

Escucho tu llamado,

sin saber a dónde me llevará,

mi corazón sigue la voz

que me orienta a tu manantial,

aguas dulces de compasión,

de misericordia y de bondad.

No dejes de hablarme, Señor mío,

aunque me veas dudar;

aunque mi voz se quiebre

y mis labios se llenen de miedo,

no dejes de hablarme, jamás.

Que a pesar de la angustia

que tengo al seguirte,

me llena de paz y de anhelo

la imagen eterna al decirte que Sí.

No titubees al decir mi nombre, Señor,

que yo el Tuyo lo escribiré

entre montañas y rocas,

entre nubes y escombros.

No te vayas nunca Señor,

aunque me veas dudar,

aunque me veas dudar.