La mujer y Dios

¿Qué hace tan difícil dejarlo? – le preguntó la mujer a Dios.
Tienes miedo de olvidarlo – contestó Él.
¿Y cuándo se acobardará el miedo?
Cuando dejes de llorar y estés lista para amar- le contestó.
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Espejo negro


Hoy desperté angustiada, el espejo de tu sombra ha vuelto. Le he dicho que se vuelva y se marche lejos, que si quiere le consigo un nuevo hogar donde hospedarse,  donde comer, tomar, dormir. Le exigí que se fuera, pero no entendió razón. Con su larga sonrisa negra se burló de mí, intentó con vehemencia y arrebato seducirme, mutiló mis piernas, mis brazos, mi vientre, me despedazó en las sábanas de tu recuerdo y acabó tirándome en la pileta de tu ausencia. Me ha quitado la sustancia de mi equilibrio, congeló el ámbar de mis sentidos y asesinó la fragancia de mi suspiro.

He intentado escapar, pero tu espejo negro se atraviesa y me acuchilla las uñas de los pies, logrando que el piso se desangre y que mi tormenta continúe con cada letra de tu nombre. Me ha quitado el color de mis ojos, el sabor de mi lengua, el olor de mi piel… tu sombra se ha robado la mía y la ha destrozado con cada gota de mi sangre que es una gota de tu olvido.

Ahora  sólo reposo, exhausta de tu presencia, de tu aroma, de tu maldita sombra que me persigue a cada respiro que doy… mis dedos están fríos y mi pecho está adormecido… cuento uno… dos… tres… sólo para no quedarme dormida y volver a despertar con el cadáver de tu presencia.

En busca de un corazón perdido…

Cuánto puede durar un entierro… cuánto puede perdurar la angustia, la tristeza, la melancolía, los llantos de verano, las depresiones de invierno… cuánto tiempo duran las lágrimas y con cuántas de ellas es posible desechar el corazón herido. He buscado en las tiendas, en los talleres, en las papelerías, en las boticas, he preguntado en la radio, en la televisión, en el mercado, en el periódico… pero nadie sabe dónde encontrar un corazón nuevo, un hígado y un riñón recién lavados con la felicidad y el olvido… nadie me ha sabido decir, algunos jóvenes mencionan que pronto saldrá a la venta en farmacias del ahorro, las ancianas bajando la mirada me dicen que esos modelos ya se extinguieron desde hace tiempo… y mientras, espero, sentada frente a la farmacia a que anuncien el producto nuevo.

Confesión

Nunca hago este tipo de confesiones. Desde pequeño juego a construir mentiras piadosas en el aire para después aprendérmelas y decirlas en el momento adecuado. Nunca digo la verdad y siempre salgo ganando. Dirán que no soy buena persona, dirán que no debo de hacer todo lo que hago: “no le grites a tus mayores”, “no vomites sobre la tía”, “no ensucies la alfombra”, “no digas mentiras”… pequeñeces que a la gente le importa.

Pero ahora, justo ahora, frente a ustedes querido público, vengo a hacerles una confesión.

Estoy enamorado. Sí, tengo esa extraña enfermedad que la gente la denomina amor. No duermo bien por las noches, estoy despistado todo el tiempo; sudo, lloro, río… todo al mismo tiempo… creo que me estoy volviendo loco. Mi familia no lo sabe, si se enteraran nos matarían a los dos. Pero estoy dispuesto a todo por ella, por la luz de mis días, el ámbar de mis mañanas, la estrella de mi noche. Me importa un bledo si mi familia me mata, total, nunca lo entenderían.

Y mientras hago el amor con ella por las mañanas, por las noches construyo mentiras piadosas para tenerlas frescas al medio día. Así, mientras mis padres creen que practico mi profesión diario, yo me revuelvo en un vals de amor por las noches, por las tardes y por el día. Pero estas mentiras serán temporales, sólo mientras mi familia y la demás gente entienda que dos almas como las nuestras pueden ser iguales. Que tanto ella como yo, aunque seamos tan distintos, podemos amarnos sin piedad; que un ángel y un demonio como yo no deben tener restricciones. Mientras eso suceda, seguiré construyendo mentiras piadosas por las noches e interpretando vals de enamorados por las mañanas.